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Avui, a La Vanguardia, a al secció de La Contra, entrevisten a la benedictina catalana Teresa Forcades, de la que ja us he parlat en alguna ocasió en aquest bloc, i que comença dient, en definir-se, que "No se trata de lograr la etiqueta correcta, sino de respetar la identidad única de cada persona". Fa uns dies que en parlàvem, a rel d'algun altre article, sobre la importància de la identitat per definir el subjecte. I aquí introdueix un altre complement: "única per cada persona". Anem bé
Por ejemplo. La mujer femenina quiere lo que quieren los que ella quiere: si todos quieren ir al mar, no irá a la montaña, aunque a ella le apetecía, porque los quiere a ellos antes que a ella. La mujer aprecia más el vínculo afectivo que su propia autonomía. Y si se ve obligada a elegir, sacrificará su autonomía por este vínculo. (...)
Los hombres se quejan de que las mujeres en una relación de pareja se lo guardan todo en una lista mental y un día se lo sueltan a ellos en una retahíla de agravios y sacrificios: ¿eso es amor? No: es miedo a la soledad. El amor se justifica a sí mismo en cada momento sin esperar ninguna compensación. ¿Hace falta que le hable ahora sobre el miedo del hombre al compromiso y la dependencia? (...)
Ni la feminidad de la mujer es amor ni la masculinidad del hombre es libertad. Yo me inscribo en la tradición de teólogas feministas, que no femeninas, que ha desenmascarado ese discurso patriarcal desde sus inicios.
Para convivir hombres y mujeres, extranjeros y locales, jóvenes y mayores, no se trata de que diluyamos nuestras diferencias en una mediocre sopa común, sino que aprendamos a convivir sin dejar de ser diferentes cada uno con su cultura, lengua, sexo o edad. (...) No debemos ni clonarnos ni hay que tener la etiqueta correcta en cada momento y país, sino que debemos aprender juntos a saber gozarlas todas.
